Bienvenida, primavera.
La primavera llegó este año como no podía ser de mejor forma: a mojitos y con buena compañía. Después de una visita al Coliseo, donde vivimos otra tarde emocionante de gritos y locuras. Tarde en la que la gente nos mira con envidia sana pensando en lo guapos que somos. Y no suficiente con esto, era mirarte a los ojos y notar como el silencio dominaba por completo mi boca. Para qué tantas palabras si con una mirada puedes acallar todos mis pensamientos. Especialmente una. Especialmente sentirme andando sobre las aguas, o sentir los nervios del instante anterior a tirarte por una enorme catarata. Y ante tanto nervio te digo, "dame la mano y no me sueltes". Así caeremos juntos, y nos la daremos los dos juntos. "No tengas miedo, princesa", te digo mientras caemos. "Yo te protegeré". Otra vez así, otra vez para todo. Me quedo de pie, observando como un estúpido como llegas, y como te vas. En mi cara se refleja una sincera sonrisa, de tantas cosas que cuentas. No puedo mirar a otro sitio que no sean tus labios, tus ojos. No puedo quitarte los míos de encima. Un huracán al que me gustaría abrazarme para que me llevase lejos de aquí. Lejos de todos los problemas de mi pequeño mundo. Sin prisas ni obsesiones. Sin dolor ni presiones. Si aquello fue miel, me gustó el pequeño instante que la rozaron mis labios. Quizá en otra ocasión. Quizá sea siempre así, o quizá al revés. Pero sea como sea he ganado algo importante. Lástima que me haya quedado corto en palabras.. 
Tus ojos dicen una cosa. Tus enormes labios me sugieren otra. Eres inteligente y diferente. Tienes las cosas claras. Mi imaginación hace el resto. Pero hasta donde alcanza la realidad, tenerte delante o al lado es mucho más inspirador que la mismísima Scarlett desnuda en una pantalla. Todo es poesía. Asi que déjame mostrártela, con la mirada o con los ojos vendados. A través de todos tus sentidos. Todo es poesía.





