Ilusiones en el punto de mira.
Es la primera vez que escribo viendo un atardecer y tengo las ventanas abiertas de par en par, por si en un sonido, o en una ráfaga de viento, encuentro algo interesante que decir. Así es. Semanas intensas, sonrisas a miles, unas pocas lágrimas. Besos de fuego, de momentos eternos. De miradas plagadas de deseos. Deseos carnales, deseos de cuento de hadas, de príncipes azules, y princesas rosas. De recuerdos no olvidados, y de canciones aún por escribir. Voy a sobrevivir. Todo está por percibir, lo he de conseguir. Viajes por planificar, exámenes por terminar, sueños que analizar y otros aún por soñar. Caramelos que aún no me he comido y pasteles por amasar. Siento un despertar, los últimos rayos de sol se cuelan reflejados en mis gafas, y el cielo forma mensajes secretos con las nubes. Y una armonía de colores ocupa mi interior. Un contraste de ilusiones, de fiestas y aficiones. Si hoy empieza la segunda vuelta, en la liga, dejemos que todo siga su curso, porque en la mia empieza otra vuelta de página. O de tuerca, que más da. Pongamos el contador a cero y empecemos a contar. Coches, trenes y aviones pasando a toda velocidad. Sentir como se va el sol, pero no el calor de mi habitación. Respirar y no temblar. Todo es demasiado bonito para dejarlo pasar. Porque la vida es un cuaderno de pinta y colorea, y tenemos que elegir los materiales y los colores. Y aunque no podamos borrar los errores, podemos pintar encima de ellos, con energía, fuerza y ganas de superar. Traspasar paredes, cruzar calles, caminar aceras, correr por verdes prados, ver rojos atardeceres, cantar canciones de color rosa, mirar el cielo azul, saltar vallas, dejándote llevar...

Pero al caer la noche...





