Bien clavado.
Miles de lunas pasaron, y aquí sigo, comiéndome mis palabras una tras otra hasta que no me cabe ninguna. Ninguna duda más de que los sueños son para los soñadores, y yo estoy condenado a serlo de por vida. Que no se cumplen. Que la buena suerte no existe, solo la mala, o al menos es la que todos conocemos demasiado bien. Que hay tanta diferencia entre el deseo y la realidad, que puedes estar cayendo durante una hora hasta darte con el suelo. El golpe es para que no vuelvas a intentar volar. Si lo superas, claro. Planes. Mil millones de planes que haces con toda la ilusión, y planes que por unos motivos u otros acaban fallando. Los padres suelen tener mucha culpa de ello. Ahora toca ser negativo y pensar que nunca va a salir bien nada. Pensar que por mucho que te esfuerces, al resto les va a dar igual. Nadie tiene palabra, nadie cumple sus promesas. Todo el mundo intenta quedar bien diciendo cosas bonitas, que a la larga se convierten en grandes mentiras, y por lo tanto acaban quedando mal. Ahí la prueba de que les das igual. Y por última vez, cansado, voy a confiar en gente que no sea de total confianza. Cansado de elucubraciones y engaños que torturan mi desordenada cabeza. Engaños que seducen, tientan y más tarde decepcionan, y te dejan sin blanca, con roturas, y totalmente bien clavado.

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