Bostezos para acallar el alma.
Caminas solo, despacio, pensativo. Te mojas, miras al cielo. Te da igual. Te mojas, y piensas. La calle está corrupta por el sonido de los coches, pero es más fuerte el ruido de tu cabeza protestona. Humos, vapores, vahos, la calle está llena de todo tipo de gases, pero para humo, el que sale de tu cabeza quemada. Miras hacia abajo, luego hacia los lados, luego hacia arriba, te encoges de hombros, y sigues adelante. Sin rumbo alguno. Solo quieres huir de tu propia incomprensión. Él solo huye de su victimismo, de su vida llena de acertijos y enigmas. ¿Volar? ¿Para qué? Sí, para acabar estrellándote. Abre los ojos, y aprende a planear sobre tus indecisiones. Llena tus pulmones de aire y echa a correr, para cambiar las cosas que no te gusten. Si sabes lo que hay que hacer, ¿por qué no lo haces? Porque es más comodo dejarse llevar por la corriente, hasta que caigas por las cataratas, y ya solo queda esperar, a que vivas afortunadamente, o a que una piedra se encuentre en tu caída. Asi que déjate de puros, franciscanas y pan con tomate y anchoas y ponte a cambiar tu presente, para que tu futuro sea aún mejor. Y si no lo vas a hacer, por lo menos deja que los demás lo hagan. Pero no. Sigues solo, por la calle, empapado, y con arena en los zapatos. 

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