Cartas del pasado para arreglar un futuro.
Una cálida mañana de un día frío. Tus ojos aún en mi cabeza. Cada uno donde debe estar, tú tus obligaciones. Yo las locuras de mi día a día. Y tu pelo sigue rozando mi cuello, y yo cada vez más nervioso. Me hace dudar hasta el pie del embrague. Las interferencias cortan lo que realmente quería decir. Y empiezo a leer. Las sorpresas van llegando como trenes a su final de destino. Los recuerdos invaden esta loca y trastornada cabellera y otra vez el escalofrío por mi espalda. Y otra vez el susurro del viento que me dice lo que tengo que hacer. Sin embargo, no puedo evitar formular millones de preguntas que para mi son imprescindibles de ser contestadas. Millones de motivos por los que aún sigo mirando a través de la ventana. Porque hoy ha sido un día especial. Por eso quiero que vengas y te acuestes a mi lado. Quiero liberar este lastre tan pesado. Nunca una carta ha sido tan bonita y aquí es donde vuelve a aparecer la magia de la vida. Tres. Otra vez. Y en cada una se lee todo aquello por lo que volver a creer. Duerme princesa, y sueña con lo que nos espera, felicidad, no se, pero si motivos para tenerla. 
Sueño que vuelo, sueño que el mundo es un pañuelo, entre el amargo caramelo y el pomelo, pienso, pónmelo con hielo, cielo. El manjar prohibido es el que quiero, y no puedo acceder al paraíso sin permiso, creo.
Green eyes.

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