Ya no hacen pelis como las de antes.
Aplausos. Terminó la película y noto como una lágrima recorre mi mejilla. Ahora todo cobra un sentido sensible, romántico. Ahora todo tiene sentido. Pones en duda lo especial de las cosas solo porque sea famoso. Ahora entiendes porqué lo es. Pocas cosas marcan tanto como una canción acorde a las imágenes perfectas, con las palabras perfectas. Con las notas perfectas. Con la voz perfecta. Todo es maravilloso y aungustioso a la vez. Eso es el amor. Sentir el calor de amar y ser amado. Y la angustia de la distancia que separa a los amantes. O la desgracia del no correspondido. No. Ya no hacen películas como las de antes. Y qué decir de la música...
Terminó la película y las ideas volvieron a mi cabeza por arte de magia. Las ideas, las ganas, la inspiración. Todo lo que necesitas para no quedarte en casa sentado en un sillón. Respirar por un momento el aire rojizo de los sentimientos. Dejarte llevar por míticas canciones antiguas, clásicas. Por violines suavemente interpretados. Es lo más cercano a la perfección. Es unirlo todo. Es verte soñar y reír. Es ver el verde de tus ojos cada noche en mi mente clavados. Es no poder levantar la mirada del suelo. O no poder desviarla de tu boca. Todos los dolores se van con tan solo una mirada, una caricia, un beso. La persona más desgraciada será aquella que muera sin haber conocido el amor. Todo el mundo quiere días soleados. Eso es porque no saben aprovechar un buen día lluvioso. Son historias para contar. Para vivirlas y disfrutarlas o sufrirlas. Historias de amor, de dolor, de vestidos bonitos, de fiestas lujosas, de penumbra, historias de grandes canciones. De elegantes hombres conduciendo coches caros. Princesas fugándose de sus castillos y príncipes cobardes que las dejan escapar.
Porque una mirada puede cambiar tu vida. Dos niños se besan sin conocerse. Ella preciosa, pequeña, de porcelana. Él, galán y apuesto, confiado. El tiempo como una ventisca los separa a la fuerza. Ella no vuelve. Él corre contracorriente mirando hacia atrás y lamentando no haber podido hacerla feliz. No sabe nada de ella, ni lo que siente, ni lo que piensa, solo sabe que es feliz. Feliz, a pesar del dolor sufrido. Porque ha comprendido que la juventud vuela, y, aunque aprenda de sus errores, piensa agarrarse fuertemente al primer tren que la lleve a aquel lejano lugar hasta donde él no podrá seguirla. Nunca una lágrima dio tantas historias por contar. Y las que quedan.

GREEN EYES.

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