Sin palabras.
Así es como terminó todo. Sin palabras.
Pero empezaré como hay que empezar, desde el principio. En cuanto te diste la vuelta supe lo que prometía el momento, el tiempo juntos. Una estrella alumbrando el cielo. Tus ojos, tu mirada. Tus labios comedidos, tu sonrisa reluciente como una mañana de verano.
Bajamos las escaleras que conducen al rincón de los deseos, de las palabras prohibidas, el rincón de las almas malditas. Malditas por los vicios que tanto adoran. Y muchas sorpresas, de esas que te dejan helado, con la piel de gallina. De esas que ponen tu corazón a cien por hora.
Sonrisas espectaculares, que descolocan tu desordenada mente. Sonrisas que fijan un objetivo. Un punto a seguir. Una guía.
De repente su mano se posa con suavidad en mi espalda, subiendo hacia mi cuello. Paz, amor, belleza. Aún busco las palabras correctas para definir esas sensaciones. Y en cada nota soplada por el viento, aparece tu rostro, iluminando el sendero a seguir. Y si el camino nos lleva al infierno, arderé contigo para toda la eternidad.
Un ángel atrapado, entre la espada y la pared, entre el amor y el deseo, entre el bien y el mal. Entre lo correcto y lo inmoral. Un ángel despierto en un mundo de sueños. Y dormido en un mundo vacío de sentimientos.
Un beso. El beso. Sorprendente a la vez que familiar. Conocido entre la niebla, dejando paso al suspense para el número tres, que sin duda será perfecto.
Palabras, palabras, palabras. Palabras que jamás llegaran a expresar momentos tan bellos. Palabras que dicta una musa. La Musa. Y que son escritas para deleite de ella. 
Un paréntesis del pasado. Una esperanza en el futuro. Una luz que no se apaga. Años de risas, sueños e ilusiones. Felicidad compartida. Todo lo bueno se hace esperar. Llegará.
¿Fantasía o realidad?





